
“Si los veo, me muero, pero me muero feliz”. Historias de euforia y emoción en una 9 de Julio colmada de fervor popular
Priscila Rodríguez y sus dos amigos, Fernanda y Hugo, salieron de Merlo a las 4 de la mañana para llegar a las 6 al Obelisco. Tomaron un colectivo, un tren y un subte y ahora están sentados en l...
Priscila Rodríguez y sus dos amigos, Fernanda y Hugo, salieron de Merlo a las 4 de la mañana para llegar a las 6 al Obelisco. Tomaron un colectivo, un tren y un subte y ahora están sentados en la vereda esperando para ver aunque sea unos instantes a la selección campeona del Mundial de Qatar.
“El domingo ya nos habíamos ido a las 6 de la mañana de acá, dormimos y ahora estamos otra vez. Si los veo, me agarra un paro cardíaco y me muero, pero me muero feliz”, dijo.
No son ni las 11 y el microcentro ya colapsa de gente. Es una marea albiceleste que no para de corear el himno nacional y otras canciones de aliento y agradecimiento a la selección. Los grupos de amigos y familias que van llegando desde distintas calles y desembocan en la 9 de julio se frenan a sacarse selfies y preguntan precios de las banderas, los pomos de espuma y los pilusos.
“El clima es espectacular porque somos campeones. Estuve a las 3 de la mañana en Ezeiza y llegué acá a las 9. Todo el mundo se venía para este lado ahora”, dijo Enrique Martínez, que vende las banderas a 1000 y los pilusos a 2000 pesos.
Ezequiel Rodríguez se tomó el tren para llegar esta mañana a ver a los campeones desde José C. Paz. En sus hombros lleva una bandera argentina con imágenes de un chico joven. “Es mi hermano. Él tuvo un accidente hace 10 meses y falleció. Yo quería que él estuviera acá también”, dijo.
Debajo de la bandera, lleva una remera que dice “no se muere quien se va sino a quien se olvida”. Ganar la copa del mundo también despertó historias como la de Ezequiel.
Fiesta en los trenes y colectivos“Estoy llevando gente desde las cinco de la mañana a lo loco”, dijo Pablo, chofer de la línea 152 en una parada cercana a Puente Saavedra, en Vicente López.
A las 9.30 en la estación Aristóbulo Del Valle, de la línea Belgrano Norte, el paisaje no admite dudas: son todos hinchas argentinos que visten la camiseta del diez, banderas atadas al cuello a modo de capa y acarrean heladeritas con bebidas frías para sobrellevar una jornada que anticipa 28 grados para las dos de la tarde, momento en que se espera el paso de los campeones por el Obelisco.
María Yñíguez es una de ellas. El domingo estuvo en el obelisco con su familia y asegura que fue hermoso. “Ahora volvemos porque tenemos que seguir festejando, no se puede parar de celebrar. Es una emoción muy grande”, dijo.
Desde su celular pone en altavoz para que se escuche en toda la estación la canción que fue furor durante todo el mundial: “Muchachos, ahora nos volvimo a ilusionar”. Pero la gente ya la canta con la letra intervenida: “Muchachos, ahora solo queda festejar”.
Desde el domingo a las 14.54, cuando Gonzalo Montiel convirtió el último penal que le dio a la Argentina el título mundial, las calles son una fiesta. Y el Obelisco, ícono nacional, se posicionó como el punto predilecto para celebrar.
Fuentes del gobierno porteño calcularon que cerca de dos millones de personas se concentraron en el macrocentro tras levantar la copa del mundo y hoy, que a última hora de ayer fue decretado como feriado nacional, podría repetirse la escena.
Desde la tarde ayer hubo acampes en las distintas zonas por donde pasará el micro con los campeones mundiales, incluido el Obelisco donde desde las primeras horas de la mañana ya había gente esperando por ver a Lionel Messi y compañía.
La imagen más repetida por la zona es la de personas sentadas en el borde de la avenida, sobre el techo del Metrobús o arriba de los contenedores de basura, esperando. La expectativa es total y muchos matan la ansiedad bebiendo cerveza o fernet con coca de botellas cortadas.
Silvia García, en cambio, toma mate junto a su familia. Salieron desde La Plata a las 7.30 y llegaron cerca de las 9.30. “Estamos acá porque es una oportunidad única que no se vive muchas veces en la vida, y yo, que viví las tres copas, siento que esta es la que se vive con más pasión”, dijo.
Al igual que a Rodríguez, a ella este triunfo la llevó a pensar en su papá, que no está más con vida, y en cuánto hubiese disfrutado ver esta fiesta.
Los pocos kioscos de la zona que están abiertos atienden a través de rejas o persianas y algunos oficiales de la policía de la ciudad caminan en sus alrededores.
“Por ahora no hubo ningún inconveniente”, aseguraron.