
La razón por la cual no deberíamos apresurarnos a emitir juicios sobre lo que nos ocurre
Cuenta una antigua anécdota que había un señor el cual vivía feliz en medio de las montañas. Un buen día, apareció un caballo frente a su casa. ...
Cuenta una antigua anécdota que había un señor el cual vivía feliz en medio de las montañas. Un buen día, apareció un caballo frente a su casa. La gente del pueblo rápidamente opinó: “¡Qué afortunado eres de tener un caballo!”. Frente a ello, el hombre se limitó a contestar: “Veremos”.
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A los pocos días, el caballo desapareció y todo el mundo comentó: “¡Qué mala suerte! Te has quedado sin caballo”. La respuesta del hombre fue la misma: “Veremos”. Pasaron algunas semanas y el animal apareció de nuevo, pero esta vez con una manada de caballos. Todos estaban asombrados y dijeron: “¡Qué suerte! ¡Ahora tienes muchos caballos!”. “Veremos”, reiteró él.
En una ocasión, el hijo de este señor, montó uno de los caballos, se cayó y se rompió un pie. La gente, entonces, se apresuró a comentar: “¡Qué mala suerte la tuya!”. Mirándolos fijo, él expresó: “Veremos”. Llegó la convocatoria para ingresar al servicio militar y este joven fue exceptuado por tener un pie roto. “¡Qué buena suerte!”, exclamaron todos. “Veremos”, concluyó el padre.
Los seres humanos tenemos la costumbre de narrarnos a nosotros mismos una especie de historia. ¡Y somos una historia inconclusa! Cada día que pasa, seguimos escribiendo un capítulo nuevo de nuestra vida, de nuestra propia historia, incluyendo en la puntuación: comas, punto y coma, dos puntos, y otros; pero nunca un “punto final”.
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¿Por qué menciono esto? Porque vos y yo estamos en construcción, y así seguiremos hasta el último día de nuestra vida. Por esta razón, frente a todo lo que nos ocurre, sea bueno o sea malo, no deberíamos apresurarnos a emitir juicios tales como: “Ya está”, “Esto es así”, “Se terminó”, “No puedo más”, etc.
Muchas veces para calmar la ansiedad buscamos categorizar, etiquetar, encerrar o interpretar rígidamente una situación. Pero, este accionar, muchas veces, termina siendo una propia cárcel. Por eso, frente a los distintos eventos de la vida, la flexibilidad nos permitirá seguir construyendo.
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Nunca te des por vencido, por vencida. ¿Por qué no seguir escribiendo cada día unas líneas más de tu historia? Y, cuando la gente a tu alrededor, frente a determinadas circunstancias, te diga: “¡Qué buena suerte!”, o: “¡Qué mala suerte!”, simplemente limítate a responder: “Veremos”. Nada está dicho. La historia continúa…