
Ícono de Punta del Este. El imán para figuras mundiales que un empresario brasileño levantó en la vieja estancia del argentino Martín Braun
Sus cientos de hectáreas que le otorgan intimidad y mística, su ubicación única con una vista imponente hacia el campo y el mar, su cercanía con la playa y la ciudad y, al mismo tiempo, su dis...
Sus cientos de hectáreas que le otorgan intimidad y mística, su ubicación única con una vista imponente hacia el campo y el mar, su cercanía con la playa y la ciudad y, al mismo tiempo, su distancia del ruido del verano, formaron un combo imbatible para que el exclusivo hotel Fasano Punta del Este, inaugurado en 2010, se haya convertido en un clásico.
A seis kilómetros de La Barra, lo agreste del campo se mezcla con la sofisticación infaltable en un 5 estrellas, resultando un imán para las celebridades internacionales que lo vienen eligiendo desde su apertura. Entre sus visitantes ilustres se cuentan Ron Wood, Pierre Casiraghi, David Guetta, Lionel Messi, Luis Suárez, Neymar, la familia Lauder, la top model Alessandra Ambrosio, Nacho Figueras y Delfina Blaquier, Susana Giménez, Marcelo Tinelli, Valeria Mazza, Eduardo Costantini y el artista Julio Le Parc, que este verano descansó allí durante quince días.
Sus más de 400 hectáreas integran campo y mar permiten experiencias únicas, como disfrutar de una pileta excavada en rocas naturales, de otra cubierta climatizada, de un sauna seco o de vapor, de canchas de tenis, de un campo de golf y hasta de una pista de equitación. Su propuesta gastronómica es una reinterpretación de la trattoria italiana, acorde al espíritu de la Toscana presente en toda la propiedad. El proyecto del hotel fue llevado a cabo por el premiado arquitecto brasileño Isay Weinfeld. Destacado a nivel internacional, Fasano Punta del Este cosecha premios como “Best Resort”, otorgado por la revista Wallpaper; B.O.Y., el premio al Mejor del Año de la revista Interior Design; los premios a la Mejor Experiencia Gastronómica y el Hot List 2011 de Condé Nast Traveler; y el Forbes World Travel Award, recibido en dos oportunidades.
Los inicios de Fasano Punta del Este se remontan a mucho tiempo atrás, antes de que la familia brasileña que le da nombre al hotel desembarcara en tierras uruguayas, deslumbrada por el lugar. El anterior propietario de la estancia La Cumbre, el argentino Martín Braun, había heredado las tierras de su madre uruguaya. El campo se convirtió enseguida en su lugar en el mundo. Braun, fascinado por el paisaje, entonces bastante despoblado de vegetación, pero con un bañado lleno de aves que lo recorría, decidió plantar árboles, arreglar el casco de 1930 y así convertirlo en su sitio preferido para pasar largas temporadas con su familia. Sus recorridas a caballo y sus partidos de polo entre amigos se fueron convirtiendo en un clásico.
Cuando caía la tarde, Martín Braun y su mujer, la socialité brasileña Rosa May Sampaio -madre de una de las más célebres actrices de su país, Ghuilermina Guinle- eran los anfitriones perfectos de fiestas y asados a los que concurrían personajes argentinos y brasileños. A uno de esos encuentros sociales llegaron los también brasileños Gero y Ana Fasano, que sucumbieron ante la belleza del lugar.
A principios de los 2000, el empresario alquiló la estancia La Cumbre de Braun para pasar el verano. Desde entonces se forjó una amistad entre ambos. Fasano se enamoró del espíritu italiano que se percibe en los paisajes de campo, que lo transportan a las tierras de sus ancestros. “Desde que lo conocí, me fascinó el lugar, uno de los más lindos que he visto, con un entorno único que combina la Toscana y la campiña inglesa, todo cerca del mar”, confiesa Gero Fasano a LA NACION revista. Finalmente, Fasano adquirió la propiedad para emprender un proyecto especialmente querido por el empresario: Fasano Punta del Este. “Desde que empecé a venir a Punta, hace más de quince años, se convirtió en uno de los lugares que más amo en este mundo. Sobre todo, por la combinación de sierra, campo y mar. La sofisticada sencillez de la vida aquí es lo que más valoro”, describe. El empresario que, durante los primeros años que visitó el balneario recorrió la ciudad de punta a punta, revela que hoy casi no se mueve del hotel, donde siente que encuentra todo lo necesario para alcanzar un disfrute absoluto, siempre con la posibilidad de estar a diez minutos de la playa, de un restaurant o de una fiesta. “Es único, mágico. Lo que más amo de este proyecto es el restaurante que está ubicado en el punto más alto de la propiedad. Es uno de los lugares más románticos que conozco, donde logramos fusionar nuestro concepto gastronómico con la identidad de la gastronomía de Punta”, se explaya.
Admite que la construcción del proyecto fue fruto de un proceso colectivo emocionante y, por momentos desafiante. Y que el resultado fue exactamente el deseado. “Hace casi dos décadas que paso veranos acá. Mi hijo viene desde que aprendió a caminar. Es el único lugar del mundo donde me hice una casa propia, más allá de mi departamento en San Pablo. Mi hijo aprendió aquí a hablar en castellano de lo mucho que ama Uruguay. En marzo se casa mi hija Anna en este lugar. Este sitio reúne todas mis emociones como ninguno otro. Fasano Punta del Este es mucho más que un emprendimiento y un hotel/restaurant. Es mi segunda casa”, destaca.
Sinónimo de excelencia y de sofisticación, Fasano ya era una marca registrada en Brasil, donde abrió su primer hotel en 2003, en San Pablo. El segundo, en Río de Janeiro, fue proyectado por Philippe Starck. Desde entonces se sucedieron aperturas de hoteles en San Pablo, Angra dos Reis, Salvador, Belo Horizonte, Punta del Este y Nueva York. Fasano Punta del Este es el primero fuera de su país de origen. Con su socio inmobiliario desde 2007, el grupo JHSF International, el Hotel Fasano Punta del Este surgió junto a un proyecto inmobiliario, Fasano Las Piedras. Lotes, villas y pequeñas estancias allí cuentan con un aeropuerto privado, una cancha de golf profesional de 18 hoyos diseñada por Arnold Palmer, un campo de polo proyectado por Nacho Figueras, un centro ecuestre que es el único con un picadero completo en el país, un Country Club con canchas de tennis, spa, Kid’s Club y hasta un huerto orgánico dentro de su superficie.
Los inicios del Grupo Fasano se relacionaron con la gastronomía cuando, en 1902 Vittorio Fasano llegó desde Milán a Brasil. Entonces abrió Brasserie Paulista, con una oferta de cocina clásica italiana, en el corazón de San Pablo. Restaurantes, confiterías y bares se multiplicaron con el sello de los Fasano, que se iban sucediendo de generación en generación al mando de la empresa. El hijo menor de Vittorio, Ruggero, continuó el legado familiar a su vuelta de Turín, adonde había sido enviado a estudiar. En los años cincuenta Confitería Fasano era un clásico de la alta sociedad brasilera, donde se servía el tradicional té de la tarde. Y el restaurante Fasano era el lugar predilecto donde se hacían fiestas y por donde pasaban figuras internacionales como Nat King Cole, Marlene Dietrich, Ginger Rogers, el Duque de Windsor, Dwight Eisenhower y Fidel Castro. Fabrizio, el hijo de Ruggero, fue quien reconoció el refinamiento hacia el que tendía la gastronomía en la ciudad de San Pablo. “Apostábamos a la madurez de San Pablo, que empezaba a ser cada vez más exigente”, recuerda. En 1984 convocó a Gero, cuarta generación de la familia Fasano, a sumarse a los negocios. Hoy el grupo posee catorce emprendimientos, entre los nueve hoteles, tres restaurants y dos bares.