
Dos antecedentes marcan que había forma de organizar mejor la marcha triunfal de los campeones
Todo se desbordó. Pero era una situación esperable. Y por lo tanto, se podía planificar un recorrido de festejos que deseaban los campeones del Mundo y su gente. Afirman que cuatro millones de p...
Todo se desbordó. Pero era una situación esperable. Y por lo tanto, se podía planificar un recorrido de festejos que deseaban los campeones del Mundo y su gente. Afirman que cuatro millones de personas coparon las calles. Previsible. ¿Difícil de organizar? El resultado muestra que si. Aunque antecedentes exponen lo contrario. El objetivo era la imagen emblemática de Messi, sus gladiadores, la Copa y los hinchas frente al Obelisco. No pudo lograrse por la ausencia de un elemento clave para encarrilar la euforia: las vallas.
Complicado resultaba que tres jurisdicciones que desconfían entre si pautasen un trabajo combinado en poco tiempo. Desde el momento en que entró el último penal. Una planificación desde, quizá, la victoria frente a Países Bajos hubiese tomado a todos mejor parados. Y si el Dibu Martínez no hubiese estirado esa pierna salvadora, todo hubiera quedado en los papeles. Pero se hubiese contado con un plan de contingencia. Todo fue distinto cuando se organizaron dos eventos, también con jurisdicciones distintas implicadas en un armado conjunto del operativo de seguridad: el festejo del Bicentenario y el G-20.
Fueron dos situaciones completamente diferentes entre sí, pero con un mismo objetivo básico: tener disponible la 9 de Julio.
Las crónicas de los festejos del Bicentenario permiten la comparación con los sucedido hoy, ya que dos millones de personas se movilizaron por el centro porteño el día de mayor concentración. Las vallas, bajas, las normales para el orden del tránsito, permitieron que la principal avenida estuviese liberada desde el Obelisco hasta la autopista, pese al intenso flujo de personas.
Eso vale también para el recorrido desde el predio de la AFA por territorio bonaerense. Y luego no se evitó que la gente estuviese sobre los puentes, a centímetros de los futbolistas en el ómnibus sin techo. Hasta algunos fanáticos intentaron saltar al micro. Esas situaciones fueron de extrema peligrosidad. Y una falla grave en el objetivo central de un operativo de esta clase: proteger a los futbolistas.
Vallas para cubrir el proyectado recorrido del ómnibus hay disponibles. Tal vez pesó la idea política de no poner un límite al fervor popular. Claro que no hacía falta establecer un perímetro compacto, como se hizo en el G-20.
En ese momento el objetivo era evitar que los manifestantes se acercasen al Teatro Colón. Y se armó para eso un callejón de protesta desde la autopista 25 de Mayo hasta el Congreso. Cada cruce de calles fue bloqueado con vallas de dos metros de altura. No era ese el clima de hoy. Pero sirve el ejemplo para señalar que esta clase de operativos de seguridad no puede organizarse durante una madrugada.
Las primeras explicaciones de fuentes gubernamentales mencionan que no se podía vallar un recorrido tan extenso desde Ezeiza al Obelisco. Quedará en el cruce de acusaciones políticas si se podía o no establecer perímetros de seguridad en lugares específicos. Al menos, dos antecedentes importantes de organización del espacio público terminaron mejor.