
Argentina campeón mundial: Lionel Scaloni, el orfebre de un equipo para la historia, la coronación final de un hombre sensible
La Copa del Mundo, dorada, reluciente, hermosa, estaba en sus manos, y él, entre sus compañeros del cuerpo técnico. Y él, uniendo los puntos de comienzo y de cierre (¿cierre?) de una historia ...
La Copa del Mundo, dorada, reluciente, hermosa, estaba en sus manos, y él, entre sus compañeros del cuerpo técnico. Y él, uniendo los puntos de comienzo y de cierre (¿cierre?) de una historia circular de 25 años: enfundado en la camiseta azul de la consagración de Malasia 1997, aquel mundial sub 20. Pero a pesar de toda esa ambientación, de las emociones vividas en el estadio de Lusail, posiblemente Lionel Scaloni todavía no haya tomado dimensión de lo que ha logrado. Como líder de un grupo de profesionales que prioriza lo humano por encima de lo profesional, talló en la piedra su nombre y apellido: es el tercer entrenador que conduce a la selección argentina a un campeonato del mundo. La tercera copa de la historia, la de Qatar 2022, después de la lograda en 1978, bajo la conducción de César Luis Menotti, y la de 1986, con Carlos Salvador Bilardo al frente.
“Creo que todavía no nos damos cuenta. Es increíble estar en la cima. Es algo único”, dijo el DT en sus primeras declaraciones públicas luego de la coronación. Y agregó: “Yo sé que uno en estos casos nombra a la familia. Pero en éste...”, comenzó a llorar, “si mi papá está viendo –espero que sí–, es para ellos. Ellos me han dado una manera de entender que nunca hay que bajar los brazos y no ir en contra de nadie. Hoy dio frutos, pero lo importante es que la gente tiene que entender que si no se da el resultado, el que está en este lugar siempre quiere hacer las cosas bien”. Desde hace tiempo la salud de su padre tiene a maltraer al entrenador santafesino.
“No estaba en mis planes ser campeón del mundo. No quería decirlo, pero era un rival muy difícil, muy complicado. El campeón del mundo. Habían sido ampliamente superiores a los rivales, salvo Inglaterra, cuando el partido fue parejo. Éste era un partido muy duro, muy espinoso.
Vivió el partido ante Francia con las palpitaciones al máximo, y en esa montaña rusa de emociones que fue la gran final en Qatar. Porque así como disfrutó pegado a la línea de cal de esa exhibición que fue el primer tiempo y buena parte del segundo, jugando un partido perfecto, sintió el impacto del empate francés como cualquier otro compatriota.
Lo mismo pasó en el tiempo extra, en donde parecía que todo volvía a encaminarse con el 3 a 2 de Messi, para luego volver a poner los brazos en jarra para entender por qué había que definirlo por penales.
Y después sí, abrazado a Pablo Aimar, Walter Samuel, Roberto Ayala y todo el cuerpo técnico, pudo al fin desahogarse cuando Gonzalo Montiel selló la historia para siempre. Rompió en llanto y saltó junto a sus compañeros y el plantel al ritmo del hit del Mundial, ese que dice “quiero ganar la tercera, quiero ser campeón mundial”.
“Nunca me molestaron las críticas; me parecieron normales”, había simplificado este sábado, cuando le preguntaron por aquellos cuestionamientos que recibió su designación como director técnico de la selección argentina. Ni más, ni menos.
Sin experiencia como entrenador, el hombre que nació hace 44 años en la localidad santafecina de Pujato se subió a un Ferrari en movimiento. Que, para colmo, venía de demasiados volantazos y un par de pinchaduras.
Sin ningún antecedente en el cargo, se acomodó en la butaca y puso primera. Y segunda. Y tercera. Y condujo a un plantel que confió desde el día 1 en él y en su equipo de trabajo a ganar en julio de 2021 la Copa América, después de 28 años de frustraciones a nivel Mayores.
Y entonces, fue por más. Y le ganó con goleada 3 a 0 a Italia, el campeón de Europa, la Finalissima. El seleccionado encadenó en su ciclo 36 partidos sin perder hasta el tropezón ante Arabia Saudita en el debut en Qatar. Que golpeó fuerte, pero que sirvió muchísimo para lo que vino.
“Contra México comienzan los 32os de final”, dijeron puertas adentro. Y se prometieron lo más importante: dejar todo para intentar llegar a la gloria. Así lo hicieron contra los dirigidos por Gerardo Martino, Polonia, Australia, Países Bajos, Croacia y Francia.
Con un plus fundamental: disfrutar cada momento. Permitirse la relajación mental, la posibilidad de compartir momentos más allá del fútbol en plena competencia. Descomprimir la cabeza para oxigenarla y potenciarla.
“Aun hoy me parecen normales las críticas. Asumí en un cargo en donde todo lo que pueda pasar se magnifica. Yo hice mi trabajo, no me centro en eso y trato de hacer lo mejor para la selección, pero nunca me molestó”, resumió un día antes de la gran final.
El menottismo y el bilardismo procuran subirse a “La Scaloneta”. Los primeros ponderan la importancia de César Menotti como coordinador de las selecciones nacionales para sostenerlo cuando alguien dudó del entrenador. Los otros incluyen a Alejandro Sabella afirman que todo aquel entrenador que jugó en Estudiantes de La Plata garantiza los 7 partidos en una Copa del Mundo.
Scaloni se reconoce como un ser absolutamente emocional, que no oculta sus sentimientos. Y que contuvo como pudo las lágrimas en todo este recorrido inolvidable en tierras árabes.
Pero se permitió exhibirse tal cual es: sensible y agradecido. Se emocionó cuando un canal de TV le mostró en vivo los festejos albicelestes en Pujato, luego del pase a la final. Y no pudo contener los ojos vidriosos cuando en la charla con medios argentinos tras la última conferencia de prensa antes de la final le pidieron unas palabras para los futbolistas.
“A los jugadores sólo puedo decirles «gracias». Y yo ya me emociono. Porque han dado todo. Esperemos coronarlo. Y si no se es así, que estén todos orgullosos. Es un momento para disfrutar. Yo lo disfruto. A mi manera, pero lo disfruto”, resumió antes de irse y evitar las lágrimas ante las cámaras.
Disfrutar, una vez más, se asocia con la filosofía Scaloni. Que, de algún modo, revolucionó el pensamiento resultadista que atraviesa a la sociedad argentina. Enterrar para siempre el concepto de “vida o muerte” antes de cada partido decisivo y valorar el camino trazado.
“Estoy orgulloso y muy entusiasmado por el momento que estamos viviendo. Es un momento muy lindo, que hay que disfrutar, aun en la puerta de una final del mundo”, dijo en lo previo al cruce con Francia. Y agregó: “Hay que valorar el camino, el proyecto trazado, y agradecer de la posibilidad que me dio el fútbol de disfrutar este momento. Soy un convencido de que, si uno disfruta lo que hace, las cosas salen mejor. Así que acá estoy, disfrutando”.
En un año en el que el disfrute deportivo se entremezcló con lo personal y en el que debió enfocarse en lo importante (atender la salud de sus padres y acompañarlos), Scaloni cierra este 2022 de la mejor manera: con el reconocimiento mundial a su trabajo. Serio. Sincero. Honesto. Comprometido. Y campeón del mundo.